Cuando el médico me dijo que las muestras de la biopsia indicaban que yo tenía cáncer, me sentí como si me hubiese atropellado un camión. Por suerte mi esposo estaba conmigo. Era surrealista y creo que la razón por la que busqué tantas opiniones (quirúrgicas y oncológicas) fue con la esperanza de que alguien me dijera que el diagnóstico estaba equivocado. No me podía pasar a mí.
No supe qué regalo era una buena salud hasta que la perdí. Fue una afrenta tan grande, ya que siempre había tenido cuidado de comer bien, hacer ejercicio y no consumir mucho alcohol. Me llevó mucho tiempo darme cuenta de que yo no había hecho nada para que esto me sucediera.
La noticia fue peor después de la mastectomía, cuando nos enteramos de que tenía 17 o 18 ganglios con cáncer y que el cáncer se había diseminado a través de la mama.
Durante varias semanas estuve muy deprimida y lloré mucho. Una vez que tuvimos un plan de tratamiento, creo que fue más fácil porque pude concentrarme en el tratamiento y sentí que estaba haciendo algo para recuperar la salud.
Bea de Texas:
Una vez que el tratamiento terminó, ah, qué alivio, alegría, festejos. Fue un momento muy feliz. Hice una fiesta. Había visto una camiseta con la leyenda "¿Cáncer? ¡Diablos, sobreviví a la quimioterapia!". Eso expresaba exactamente mis sentimientos. Mi nivel de energía volvió y puede continuar mi vida.
Elizabeth de Nueva Jersey:
Una vez que el tratamiento terminó, me sentí agradecida de estar viva. Recuerdo haber pensado unos días después de mi última sesión de quimioterapia que si superaba ese día, eso era suficiente. Toda mi actitud dio un giro absoluto. Estar viva es bueno.